Estoy regresando mucho este año. Debería visitarme más seguido...
Estoy sentada en medio del espacio vacío. Las paredes rosadas se estiran por sobre mi vista hasta terminar en cúpula. No sé qué haya más arriba. Por ahora me entretengo investigando mi alrededor.
Las dos ventanas me muestran una vista fascinante. Algunos días el paisaje es bellísimo; cada tanto llueve y entra agua, pero fuera de eso, mis persianas son infranqueables, y en las noches el mundo se detiene mientras duermo segura.
Hay un puff gris en el medio. A veces se hincha, creo que es la humedad; hasta casi empujar las paredes para salirse. Pero usualmente luce muy pequeñito. Hay espacio para muchas otras cosas; inclusive puedo sentármele encima, o usarlo de almohada cuando me recuesto para ver pasar los pensamientos. Son tantos, y siempre están moviéndose a mi alrededor... Me encanta esa luz brillante que emiten algunos cuando recién nacen; más adelante cambian varias veces de color, y luego desaparecen por un túnel. Otros son pequeñitos y grises; chorrean una sustancia viscosa de la que intento alejarme porque quema todo lo que toca.
Hasta hoy no había tenido el coraje de bajar por el túnel. Las voces me decían una y otra vez que hay un sitio mágico, donde quedan guardados todos los pensamientos que veo escaparse día a día de mi cuarto. Algo me decía que estaban allí esperándome, así que bien sujeta de la baranda blanca que desciende casi vertical, comienzo a descender hacia la oscuridad.
Siento que hay paredes rosadas también a lo largo del túnel, pero no puedo ver. Sigo bajando despacio, escalón por escalón por lo que parece una eternidad, hasta que en un momento, percibo un brillo allá abajo.
Será el final del túnel? me apresuro, mientras el brillo crece y crece, hasta casi enceguecerme mientras me acerco. Y entonces lo sé: me recibe con latidos de alegría; es cálido y confortable. Por fin llegué a mi hogar.


